Jueves negro en Wall Street: el desplome tecnológico da la vuelta al mundo
El mundo amaneció este viernes contando pérdidas tras un jueves negro que siguió a las elecciones congresionales estadounidenses el martes. La liquidación de acciones tecnológicas registrada este jueves en Nueva York —una de esas sesiones que los operadores recuerdan por la fecha— evaporó unos 2,5 billones de dólares del mercado tecnológico estadounidense y, siguiendo el giro del planeta, fue golpeando una a una las bolsas de Asia y de Europa.
Al final del recorrido, el temor dejó de ser una cuestión de pantallas: es la primera gran prueba de estrés para la apuesta global por la inteligencia artificial.
A principios de octubre, el Nasdaq Composite marcaba su máximo histórico y la narrativa dominante era la del crecimiento sin techo. Un mes después, el mismo índice acumula una caída cercana al 12% desde aquel pico y ha entrado formalmente en corrección.
El trayecto entre ambos extremos no fue una línea recta: hubo jornadas de respiro, incluida la del miércoles, cuando el Dow Jones ganó un 3%, el S&P 500 un 1,6% y el Nasdaq un 1,4%.
Pero la sesión de este jueves fue ya la quinta con una pérdida superior a los 500 puntos desde mediados de octubre, señal de que la confianza se venía erosionando por debajo de la superficie.
Lo que cambió en el ánimo del mercado es la pregunta de fondo. Mientras las valoraciones subían, pocos se detenían a exigir pruebas de que el gasto masivo en inteligencia artificial se traduciría en beneficios proporcionales.
Ahora esa exigencia se ha vuelto el centro de la conversación, y cada noticia regulatoria o financiera se lee bajo esa luz.
El cierre de este jueves ofrece la medida exacta del golpe. El Nasdaq Composite perdió un 5,52% y terminó en 24.315 puntos, su peor retroceso porcentual en un solo día desde abril de 2025; el Nasdaq 100, más concentrado en las grandes del sector, bajó un 6,4%.
El S&P 500 retrocedió un 4,30% hasta 7.358,13 puntos, con unos 2,9 billones de dólares de capitalización esfumados, y el Dow Jones cedió un 3,44% hasta 51.521,28 unidades, como resume la cobertura de Ámbito Financiero.
Las siete tecnológicas más valiosas perdieron juntas alrededor de 1 billón de dólares. Tesla encabezó las bajas del grupo con un 10,8%; Nvidia retrocedió en torno al 9%; Microsoft cayó un 3,6%, y Amazon y Alphabet cedieron un 2,2% cada una.
Peor le fue a la cadena de suministro de la IA: el índice de semiconductores de Filadelfia se desplomó un 12%, a su nivel más bajo en más de seis meses, con AMD cerca del 16% abajo, Micron en un 15,3% —tras conocerse la paralización de obras en su planta Fab 11E en Taoyuan—, Arm Holdings en un 11,4%, Intel en un 8,2%, Qualcomm en un 7,4% y Oracle en un 6,3%.
Entre las operadoras de centros de datos, Nebius perdió un 15%, Applied Digital, Cipher Digital e IREN más de un 14% cada una y CoreWeave un 10%, con sus seguros contra impago a cinco años en un récord de 1.267,9 puntos básicos según S&P Global Market Intelligence.
Ni siquiera los proveedores eléctricos de esa infraestructura salieron indemnes: GE Vernova bajó un 7,4% y Constellation Energy un 2,5%.
El detonante inmediato fue regulatorio. Tras los comicios de mitad de mandato en Estados Unidos, los inversores empezaron a descontar exigencias federales y estatales más duras sobre el consumo de electricidad y de agua de los centros de datos, e incluso pausas en su construcción, según el análisis difundido por Euronext y Reuters.
El banco suizo UBS puso cifra a ese riesgo: en torno al 30% de la capacidad adicional de centros de datos prevista en el país para 2028 podría quedar comprometida si se detienen los permisos de obra.
El termómetro del crédito confirmó que no se trataba solo de un ajuste de valoraciones. Que los seguros contra impago de una operadora como CoreWeave marcaran un récord en plena sesión indica que el mercado de deuda también empezó a poner precio a un escenario más duro para las firmas que financian la expansión de la IA a pulso de endeudamiento.
En ese contexto, la presión de las tasas de interés sobre las neoclouds deja de ser un factor técnico y se convierte en una amenaza directa a su modelo de crecimiento.
Sobre ese temor se montaron otros dos. El primero, el costo del financiamiento: las empresas de nube especializadas en IA, las neoclouds, dependen del crédito para expandirse y sufren primero cuando el dinero se encarece.
El segundo, la rentabilidad misma del desembolso en curso, cuestionada con insistencia creciente y rodeada de incertidumbre sobre operaciones esperadas como la salida a bolsa de Anthropic. Cuando la regulación amenaza el crecimiento futuro y el crédito castiga el presente, la salida de las posiciones es casi automática.
El contagio de este viernes fue ordenado y global. El Nikkei japonés y el KOSPI surcoreano cayeron cerca de un 6% cada uno —la peor jornada del índice nipón desde abril de 2025—, con SoftBank desplomándose un 11% en Tokio y el costo de asegurar su deuda en máximos de cuatro años.
En Corea del Sur, las autoridades flexibilizaron temporalmente las reglas sobre inversión minorista apalancada para frenar la oleada vendedora, sin impedir que SK Hynix perdiera un 12,2% y Samsung Electronics un 10,7%, de acuerdo con el seguimiento de Reuters Global Markets publicado en Euronext.
El capítulo más tenso se vivió en Taiwán, corazón mundial de la fabricación de chips. Su índice llegó a caer más de un 8% en plena sesión y solo la intervención solicitada por el Ministerio de Finanzas a los bancos estatales permitió moderar el cierre a un 4,5% negativo.
El balance semanal, sin embargo, fue un desplome del 12,2%, el peor desde 1991 según datos de LSEG, con TSMC cediendo un 10% y Foxconn más de un 3%.
Europa, por su parte, abrió este viernes con recortes superiores al 1,5% en sus principales plazas, mientras el Brent se movía entre 96,91 y 100 dólares por barril, en camino de su mayor caída semanal desde 2020 por las expectativas de una desescalada bélica en Medio Oriente.
Mientras la renta variable sangraba, el dinero prudente buscó los refugios de siempre: bonos soberanos, dólar, yen y franco suizo.
La demanda de deuda empujó el rendimiento del Tesoro estadounidense a diez años a su mínimo desde septiembre antes de situarlo en el 4,86% durante la sesión europea de este viernes; el bono japonés a diez años rindió un 1,795% y los bonos alemanes un 3,25%, mínimo desde finales de agosto.
¿Y ahora qué? Este mismo viernes llegaron datos que complican cualquier diagnóstico apocalíptico: Estados Unidos creó 165.000 empleos y los salarios crecieron un 3,1% interanual, por encima de lo previsto, y los futuros del Nasdaq apuntaban a un rebote técnico del 1,5% antes de la apertura neoyorquina.
El veredicto sobre la profundidad del ajuste queda así en manos de la próxima semana, cuando se publique el índice de precios al consumidor y el mercado pueda medir los próximos pasos de la Reserva Federal.
Si la inflación da margen, el jueves negro puede quedar como una purga saludable de excesos; si no, la corrección del Nasdaq podría ser solo el primer capítulo.
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