57 contra 47 y nadie llega a 61: Israel votó masivamente y dejó su Gobierno en el aire

Hay noches electorales que producen un Gobierno y noches que producen un problema. La del martes 27 de octubre de 2026 en Israel fue de las segundas. Con el escrutinio aún abierto y más de la mitad de las urnas por contar, ninguno de los dos bloques que se disputan el poder alcanza los 61 escaños de la mayoría absoluta en la Knéset.

Y en medio de ambos, con 16 escaños y la llave de la gobernabilidad, han quedado los partidos árabes.

El país que volvió a votar en masa

Eran las primeras elecciones legislativas desde los ataques del 7 de octubre y la guerra de Gaza que vino después, y los israelíes lo entendieron como una cita de peso: la participación casi definitiva fue del 77,7 %, la más alta desde 1999, según los datos recogidos por The Times of Israel.

Los 120 asientos del Parlamento se repartían entre un oficialismo encabezado por Benjamín Netanyahu y una oposición que, por primera vez en años, llegó a la cita con un liderazgo alternativo claro: el exjefe militar Gadi Eisenkot.

El detalle que puede resultar decisivo no estuvo en los grandes bloques, sino en la movilización del electorado árabe. La Lista Conjunta y Ra’am, la formación de Mansour Abbas, registraron un aumento significativo de participación, destacó The Jerusalem Post, y esa energía se tradujo en escaños.

El marcador de la madrugada

A las 5:58 de la mañana, con el 41,9 % de las urnas escrutadas, el Comité Central Electoral ofrecía esta fotografía, recogida por The Times of India y The Times of Israel:

  • 57 escaños para el campo de Netanyahu: el Likud con Shas, Judaísmo Unido de la Torá, Otzma Yehudit y Sionismo Religioso.
  • 47 escaños para el campo de Eisenkot: Yashar con B’Yachad de Naftali Bennett, Yisrael Beytenu de Avigdor Liberman y Los Demócratas.
  • 16 escaños para las formaciones predominantemente árabes.

Ninguna suma cierra. Y la foto puede moverse: quedan por contar más de la mitad de las urnas y, al final del proceso, los votos en doble sobre, entre ellos los de los soldados. En el sótano de la tabla, tres partidos no superaban el umbral del 3,25 %: Los Reservistas (2,7 %), Pueblo de Israel (1,8 %) y Público Jaredí (0,3 %).

Lo que dijeron los sondeos… y lo que dijeron los líderes

Las encuestas a pie de urna de las cadenas israelíes habían anticipado un empate casi perfecto: 51 escaños para cada bloque, con una ligera ventaja inicial para Eisenkot en varias proyecciones y un salto de los partidos palestinos desde sus 10 escaños actuales hasta unos 18.

En Israel nadie fía su destino a esos sondeos —se revisan tras publicarse y yerran por varios escaños con frecuencia—, pero marcaron el tono de una noche en la que nadie podía cantar victoria con datos.

Los líderes, aun así, lo intentaron. Netanyahu, de 77 años, subió al escenario en Jerusalén pasadas las 3 de la madrugada para declarar que el bloque de derechas había recibido un mandato claro del público sionista, que «el Likud es el partido más grande de Israel» y que el país necesita «un gobierno nacional fuerte y de derecha» que no dependa del apoyo de los partidos palestinos.

Eisenkot, desde Tel Aviv, sostuvo que el pueblo había votado contra la gestión del primer ministro, que un líder digno habría aceptado hoy mismo el veredicto y anunciado su retiro, y le advirtió que no utilice la seguridad de Israel con fines políticos, ante el temor de que aproveche este periodo de incertidumbre para ordenar un nuevo ataque contra Irán.

El roce institucional de la jornada

La jornada dejó un enfrentamiento que retrata la tensión del momento. El Comité Electoral Central rechazó la petición de Netanyahu y otros partidos de mantener abiertos los colegios más allá de las 22:00.

Horas antes, el primer ministro había insinuado públicamente que la izquierda y los árabes trataban de robar las elecciones; el comité respondió que no existían pruebas de manipulación sistemática.

En unas elecciones con participación récord y conteo limpio, la sospecha lanzada al aire quedó como el episodio más áspero del día.

Y ahora, a negociar

A partir de aquí, Israel entra en su deporte político más practicado: la negociación de coalición.

Si el conteo definitivo no le regala a Netanyahu los cuatro escaños que le faltan, y si Eisenkot tampoco llega a 61 —su hueco es de 14—, al líder opositor solo le quedan dos rutas: sentarse a negociar con la Lista Conjunta y Ra’am, en un proceso que podría durar semanas, o intentar sostener un gobierno en minoría con acuerdos informales, voto a voto.

La conclusión provisional es casi irónica. Netanyahu ha repetido que ningún gobierno suyo dependerá de los partidos palestinos.

Pero el Parlamento que ha salido de las urnas ha colocado a esos mismos partidos en el centro del tablero: sin sus 16 escaños, formar Gobierno en Israel será, para cualquiera, una operación de alta complejidad. El escrutinio continúa; la política, también.

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