Japón ha puesto rumbo a un objetivo que ninguna misión anterior se había atrevido a intentar. La Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA) lanzó el 19 de octubre de 2026, a las 19:41 UTC, la sonda de la misión MMX (Exploración de las Lunas Marcianas) desde el Centro Espacial de Tanegashima, a bordo de su cohete de última generación H3.
La nave no se limitará a observar: descenderá sobre Fobos, recogerá material de su superficie y lo traerá de regreso a la Tierra.
Se trata de la primera misión de la historia concebida para obtener muestras de una luna marciana. El objetivo cuantitativo es concreto, al menos diez gramos de regolito, pero su valor científico es desproporcionado: con ese puñado de polvo, los investigadores esperan resolver discusiones que telescopios y sondas en órbita no han podido cerrar en décadas.
El calendario: llegar en 2027, volver en 2031
El viaje será largo. El cronograma oficial prevé casi un año de travesía interplanetaria hasta alcanzar la órbita de Marte alrededor de agosto de 2027.
Después, la sonda dedicará cerca de tres años a estudiar con detalle las dos lunas del planeta rojo, Fobos y Deimos, antes de ejecutar su maniobra estrella.
En esa fase desplegará un pequeño explorador robótico sobre Fobos y descenderá con precisión milimétrica para la recolección. La partida de regreso está fijada para finales de 2030 y el aterrizaje de la cápsula, para 2031, en la zona desértica de Woomera, en Australia.
The Guardian calificó el despegue como el inicio de una de las misiones más ambiciosas de la exploración espacial moderna, y Gizmodo en Español destacó su carácter pionero entre las misiones de retorno de muestras.
Taladro y gas a presión: así se cosecha en un mundo sin peso
Recoger suelo en Fobos no se parece a cavar en ningún otro lugar. Su gravedad es tan débil que cualquier movimiento brusco puede empujar la nave lejos de la superficie.
Por eso la JAXA equipó la sonda con dos sistemas distintos de recolección: un taladro para extraer material bajo la superficie y un mecanismo neumático que dispara gas a presión para capturar el polvo fino que se levante.
El material subsuperficial interesa especialmente porque está protegido del bombardeo constante que castiga la capa externa.
Pero incluso ese polvo superficial encierra un tesoro: como señala Astronomy Magazine, millones de años de impactos sobre Marte han ido depositando restos marcianos en Fobos, de modo que analizar su suelo equivale, en parte, a analizar Marte sin haber aterrizado en él.
¿Asteroide capturado o pedazo de Marte?
La pregunta central que persigue la misión lleva generaciones dividiendo a los planetólogos. Una hipótesis presenta a Fobos y Deimos como asteroides que la gravedad marciana capturó hace miles de millones de años.
La rival sostiene que son fragmentos del propio Marte, expulsados por un impacto gigantesco y condenados a orbitar su planeta de origen.
Las muestras permitirán medir composiciones y proporciones isotópicas con la precisión de los laboratorios terrestres, y esa medición debería zanjar el debate.
De propina, los científicos confían en reconstruir parte de la historia de la atmósfera marciana y obtener pistas sobre los orígenes del sistema solar.
Cooperación internacional con liderazgo japonés
El proyecto lo lidera la JAXA, pero su red de colaboración es amplia: participan la NASA de Estados Unidos, el CNES de Francia, el DLR de Alemania y la Agencia Espacial Europea.
La misión refuerza el perfil de Japón como la potencia de referencia en el retorno de muestras desde cuerpos menores, una disciplina donde la precisión lo es todo.
Cinco años de espera
A la MMX le queda por delante lo más difícil: llegar, orbitar, bajar, recoger y volver. Cada etapa tiene su fecha y su riesgo, y el veredicto final no llegará hasta que la cápsula se abra en Australia en 2031.
Si ese día los granos de Fobos confirman su origen, la astronomía cerrará uno de sus debates más longevos con la mejor evidencia posible: la que se puede tocar.

