Devastador terremoto sacude Myanmar y Tailandia: Crónica de un desastre

El viernes 25 de marzo de 2025, un terremoto de magnitud 7,7 azotó el centro de Myanmar, desatando una ola de destrucción y cobrándose vidas en Myanmar y la vecina Tailandia. 

El epicentro del potente sismo se localizó cerca de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Myanmar. 

El impacto fue devastador: edificios se derrumbaron, la infraestructura se desmoronó y fuertes temblores resonaron por toda la región, sintiéndose en lugares tan lejanos como Tailandia, Camboya e India. 

Un temblor posterior de magnitud 6,4 agravó aún más la devastación. La antigua ciudad de Mandalay sufrió la peor parte del terremoto. 

El rescatista Tony Cheng, de Al Jazeera, describió la escena como de “destrucción generalizada”, con numerosos edificios derrumbados y gran parte de la ciudad sin electricidad y con un suministro de agua potable cada vez más escaso. 

Los residentes, sumidos en la angustia, esperaban ayuda que tardó en llegar. El impacto del terremoto se extendió más allá de las fronteras de Myanmar. 

En Tailandia, la capital, Bangkok, también se vio afectada por el derrumbe de un rascacielos, lo que llevó a las autoridades a declarar la ciudad zona de desastre. 

A pesar del caos, Bangkok demostró cierta resiliencia, y los aeropuertos y el tren ligero volvieron a funcionar rápidamente. 

Sin embargo, persistieron las preocupaciones sobre la seguridad estructural, lo que llevó a las autoridades a desplegar ingenieros para inspeccionar edificios en toda la ciudad, según informó el viceprimer ministro Anutin Charnvirakul. 

Las secuelas iniciales del terremoto estuvieron marcadas por una lucha desesperada por la supervivencia. En Mandalay, voluntarios locales, sin equipo pesado, lideraron la búsqueda de sobrevivientes entre los escombros. 

El olor a cuerpos en descomposición impregnaba el aire, un sombrío testimonio de la magnitud de la tragedia. 

Las operaciones de rescate se vieron gravemente obstaculizadas por los daños en la infraestructura, incluyendo carreteras deformadas y puentes derribados. 

La respuesta oficial al desastre se ha visto complicada por la situación política de Myanmar. Un reciente golpe militar y la guerra civil en curso han obstaculizado la ayuda y la coordinación internacionales. 

Si bien líderes de India, Francia y la Unión Europea han ofrecido apoyo, la eficacia de esta ayuda para llegar a quienes la necesitan sigue siendo preocupante. 

El contexto geológico de Myanmar contribuyó a la gravedad del desastre. La ubicación del país a lo largo de la falla de Sagaing, un límite tectónico entre la placa india y la microplaca de Birmania, lo hace altamente vulnerable a la actividad sísmica. 

El Dr. Ian Watkinson, del Departamento de Ciencias de la Tierra de Royal Holloway, Universidad de Londres, explicó que la poca profundidad del terremoto (tan solo 10 km) agravó los daños, ya que «la energía sísmica no se disipa mucho al llegar a la superficie». 

Además, la rápida urbanización de Myanmar, sumada a la falta de códigos de construcción antisísmicos, ha aumentado la vulnerabilidad de sus ciudades a este tipo de eventos sísmicos.

Como señaló el Dr. Watkinson, los niveles de destrucción fueron comparables al terremoto de 2023 en Turquía, donde muchos edificios se derrumbaron debido a años de construcción sin regulación. 

El terremoto en Myanmar y Tailandia sirve como un duro recordatorio del poder destructivo de los desastres naturales. 

El evento destacó los desafíos de la respuesta ante desastres en países que enfrentan inestabilidad política y dificultades económicas, y la urgente necesidad de mejorar la preparación ante desastres y de contar con infraestructura resiliente.

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